Tatuaje del ladrón: historia viva del crimen soviético en Bruselas

Bruselas se ha convertido en el epicentro de una profunda investigación culturológica: se ha inaugurado una exposición fotográfica dedicada a la subcultura en extinción de los «ladrones de ley» soviéticos. El proyecto, titulado «En compañía de criminales» (Vor V Zakonie), sumerge a los espectadores en el mundo secreto de la hermandad criminal, donde los tatuajes sirven no solo como adorno, sino como archivos vivos que guardan las leyes de la jerarquía y la historia del GULAG.

Tatuajes como crónica: la exposición de Nicolas Viard

Hombre con tatuajes al estilo de la cultura delictiva soviética, exposición en Bruselas

Del 9 de octubre al 9 de noviembre de 2025, Bruselas acoge la exposición creada por el artista y cineasta belga Nicolas Viard, fundador de la organización Balkan Trafik. Viard emprendió una investigación de varios años en Moldavia y Transnistria para documentar las vidas y los cuerpos de antiguos miembros de la influyente comunidad criminal que una vez actuó como poder paralelo en los campos de Stalin.

El proyecto no es solo documentación fotográfica, sino una investigación social, artística y ética de múltiples capas. La exposición incluye 140 fotografías en blanco y negro que describen detalladamente a los sujetos y los símbolos en sus cuerpos. El material visual se complementa con 10 videorreportajes subtitulados que permiten escuchar las voces de los «ladrones», así como 10 retratos dibujados por el artista Yuri Palkov.

Del símbolo al ser humano: investigación en Moldavia

Fotografía de la exposición en Bruselas que muestra tatuajes en los cuerpos de antiguos reclusos,

El interés inicial de Viard era puramente semiótico: buscaba descifrar el complejo sistema de tatuajes criminales. Como el propio autor relató, al vivir en Moldavia, logró establecer relaciones de confianza con miembros de la comunidad en Chisináu y Tiraspol. Sin embargo, pronto se hizo evidente que detrás de cada símbolo se escondía una trágica historia humana.

«Los tatuajes contaban la historia de sus vidas, pero gradualmente el proyecto se convirtió en algo mucho más: habló de la humanidad, la moral y cómo vemos a los criminales», explica Viard. Muchos de sus sujetos pasaron hasta 30 años en prisión y, al salir, se enfrentaron a un aislamiento social total. Se convirtieron en parias, incapaces de adaptarse al mundo exterior, a menudo hablando solo jerga carcelaria.

El proyecto «En compañía de criminales» invita al espectador a replantearse los estereotipos sobre el mundo criminal. Viard plantea una pregunta candente sobre la hipocresía social: ¿quiénes son los «verdaderos» criminales hoy en día? ¿Aquellos que han cumplido su condena y viven en la pobreza en las afueras, o las influyentes figuras «respetables» que evitan el castigo y crean las reglas bajo las cuales vive la sociedad?

Análisis experto: el lenguaje de los tatuajes y el código de honor

Ilustración 4 para el material

En el contexto de la cultura del tatuaje, los tatuajes de los ladrones (portaki) representan uno de los sistemas más rígidos y estructurados. A diferencia del tatuaje occidental, que adoptó la estética punk y se ha convertido en algo masivo, en el espacio postsoviético estos símbolos todavía llevan una pesada huella criminal, y su exhibición pública no es deseable.

Estos tatuajes, nacidos en el GULAG, no eran solo insignias, sino parte de la «ley», un código no escrito que aseguraba la supervivencia y el orden en la jerarquía carcelaria. Informaban sobre el rango, la especialización, el número de años cumplidos e incluso la postura vital del portador.

Los símbolos más comunes e importantes documentados por Viard:

  • Anillos en los dedos: El primer y más básico nivel de integración en la hermandad. Los anillos «juveniles» indicaban que la persona había entrado en prisión a una edad temprana (a veces a los 14-15 años).
  • Estrellas en o debajo de los hombros: Símbolo de desafío. Originalmente, las estrellas significaban que el ladrón nunca se arrodillaría ante el poder comunista. Esta marca era parte de un código estricto que prohibía cualquier trabajo fuera del ámbito criminal.
  • Araña en una telaraña: Indica la actividad del portador. Si la araña sube, el ladrón continúa su actividad; si baja, ha «dejado» el crimen.
  • Cúpulas/cruces de iglesia en la espalda: El número de cruces o cúpulas es directamente proporcional a los años cumplidos en prisión. Cuantas más cruces, mayor respeto en el entorno.
  • «Charreteras» en los hombros: Designaban estatus y rango en la jerarquía carcelaria, demostrando poder y autoridad.

Viard subraya que el conocimiento de este «vocabulario vivo» era asombroso. Sus interlocutores, muchos de los cuales estaban muy educados gracias a la gran cantidad de tiempo dedicado a la lectura en prisión, podían explicar los matices más sutiles de cada símbolo.

Tragedia y paradoja: de «dioses» a parias

Ilustración 5 para el material

Muchos de los sujetos del proyecto, que alguna vez fueron considerados «celestiales» y tenían poder real en prisión, ahora se encuentran en un ciclo de pobreza, aislamiento y drogadicción. Viard señala que eligió deliberadamente no a los «grandes jefes», sino a miembros comunes de la hermandad —ladrones, tatuadores— que ahora viven al margen de la sociedad.

A pesar de su trágico destino, estas personas todavía se enorgullecen de sus tatuajes, ya que son una parte integral de su vida e historia. Sin embargo, conscientes de la estigmatización, prefieren ocultar estas marcas a ojos extraños en una sociedad que los ha rechazado.

«Puedo llamarlos con seguridad buenas personas, no viven como criminales callejeros. Aprendieron mucho en ese sistema», dice Viard, enfatizando que en su mundo existían reglas estrictas: prohibición de violaciones, prohibición de robar a ancianos, obligación de ayudar a los miembros del grupo. Era un tipo de crimen completamente diferente, basado en un código de honor, aunque deformado.

Elección artística y legado

Ilustración 6 para el material

Nicolas Viard tomó la decisión de filmar el proyecto en blanco y negro para intensificar el dramatismo y obligar al espectador a centrarse en lo más importante: el rostro, los ojos y, por supuesto, los tatuajes. Según él, en estas «burbujas sociales» el color no importa, ya que las personas están «al final de su camino». La paleta en blanco y negro acentúa el carácter documental de la filmación y la tragedia atemporal de los destinos.

Documentar esta subcultura, en opinión de Viard, es fundamental, ya que forma parte de la historia mundial que debe entenderse, independientemente de si la sociedad está orgullosa de ella o no. Para los europeos que no se han enfrentado a una jerarquía criminal como esta, el proyecto sirve de puente para comprender el complejo legado del espacio postsoviético.

El objetivo de la exposición es añadir «matices» a la visión maniquea (blanco y negro) de la sociedad sobre el bien y el mal. Viard busca demostrar que detrás de la etiqueta de «criminal» siempre hay una historia profunda y compleja, y que aquellos que han pagado su deuda con la sociedad con décadas de encarcelamiento merecen al menos respeto y derecho a la integración.

Eventos relacionados

Como parte del proyecto «En compañía de criminales», se han programado eventos adicionales en seis sedes de Bruselas. En particular, MUE Tattoo Shop & Inksane organizará una sección sobre «El arte del tatuaje como lenguaje gráfico que amplía la narrativa», donde se debatirá la evolución del tatuaje como medio de comunicación. Y en los días finales, del 7 al 9 de noviembre, se presentarán treinta retratos adicionales de los protagonistas.

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