En el mundo de la cultura visual moderna, la línea entre la fotografía y el arte corporal se vuelve cada vez más tenue, transformando el cuerpo humano en un objeto de profunda exploración filosófica. Howard Schatz, un destacado maestro del objetivo, se ha dedicado precisamente a esto durante treinta años: la búsqueda de ese momento esquivo en el que una imagen deja de ser una simple fijación de la realidad y se convierte en algo más. Él lo llama una «milagro». Sus obras no son solo instantáneas de atletas, bailarines o modelos, son un intento de mirar más allá de la envoltura física para ver una forma de vida nueva y previamente desconocida, nacida de la fusión de carne, luz y, en algunos casos excepcionales, tinta.