En Cork, Irlanda, un estudio de tatuajes transforma una tragedia personal en un gesto comunitario: un día de trabajo se dedica íntegramente a recaudar fondos para la investigación del cáncer. La iniciativa corre a cargo de Ellie Christie, que perdió a su padre a los 19 años y ahora quiere que los nuevos tatuajes y piercings realizados en su honor ayuden a otras familias a enfrentarse a la enfermedad en sus etapas tempranas.