En Nueva York, donde la pasión por el baloncesto vive en cada barrio, se está desarrollando un fenómeno cultural único. Los estudios de tatuajes, que normalmente operan a su ritmo habitual, se han enfrentado a una afluencia inesperada de clientes. La razón no es una nueva temporada o el lanzamiento del álbum de un rapero favorito, sino el avance histórico del equipo New York Knicks. Los fanáticos, que han soportado decepciones durante años, ahora se apresuran a inmortalizar este momento en su piel.