Este domingo, en el Central Maine Medical Center de Lewiston, se apagó la vida de un hombre cuyo nombre se convirtió en sinónimo de una era en la industria del tatuaje estadounidense. Frank «Captain» Morgan falleció a la edad de 67 años tras una prolongada batalla contra varias enfermedades crónicas, dejando tras de sí no solo a una familia en duelo, sino también miles de obras de arte grabadas en la piel de sus clientes en todo el país.