En un mundo donde los tatuajes hace tiempo que dejaron de ser una simple decoración y se convirtieron en parte de la historia personal, a veces se convierten en pruebas clave en casos criminales. Así ocurrió en Mónaco, donde una mujer de 39 años, sospechosa de organizar una explosión, fue identificada por un tatuaje de serpiente en su brazo derecho. Este suceso no solo conmocionó a la opinión pública, sino que también planteó la cuestión del papel de la cultura del tatuaje en la investigación criminal moderna.