En la cultura moderna, el tatuaje ha trascendido hace tiempo el marco de una simple decoración estética, convirtiéndose en una poderosa herramienta de comunicación entre el «yo» interior y el mundo exterior. Para muchos artistas y portadores de tinta, la piel no es solo una envoltura biológica, sino un pergamino dinámico en el que se fija la historia de la evolución personal, el dolor y el triunfo. Uno de los ejemplos más brillantes y profundos de esta conceptualización de la corporalidad en los últimos tiempos ha sido el proyecto «Autonomy» (Autonomía), presentado por el artista interdisciplinario Chella Man. Esta performance difumina las fronteras entre el arte clásico del tatuaje, la escultura y la profunda reflexión psicológica, obligando al espectador a reconsiderar el propio concepto de posesión del propio cuerpo.