La cultura moderna del tatuaje ha ido mucho más allá del puro esteticismo o simbolismo. Hoy en día, el arte corporal interactúa cada vez más con la funcionalidad, convirtiendo el cuerpo humano en una interfaz para interactuar con el mundo digital. Un claro ejemplo de esta tendencia es la historia de Levi Tang, un residente de Ámsterdam de 24 años, que decidió que un simple dibujo en su piel no era suficiente. El joven integró un elemento de la vida cotidiana en su imagen, tatuándose en el brazo un código de barras funcional de la tarjeta de fidelidad de la popular cadena de supermercados holandesa Albert Heijn.