Conoce a Ana, una mexicana de 38 años cuya forma de vida hace que los estereotipos se desmoronen como yeso viejo. De día, enseña francés, sumergiendo a sus alumnos en las sutilezas de la filología europea, y en su tiempo libre practica yoga, alcanzando el nivel de equilibrio interior necesario para soportar largas sesiones bajo la aguja de los mejores maestros del planeta. Ana no es solo una coleccionista de tatuajes; es una prueba viviente de que la tinta en la piel puede ser a la vez terapia personal, un acto de desafío cultural y un lienzo artístico complejo, donde cada centímetro del cuerpo se transforma en una obra de arte elevado.