Lo que hace apenas un par de décadas se consideraba un signo de rebelión o marginalidad, hoy convive tranquilamente con el traje de negocios y el uniforme de estudiante. El tatuaje ha dejado de ser algo excepcional: se ha convertido en parte de la cultura visual cotidiana, especialmente entre los jóvenes. Un ejemplo claro de este cambio es Waco, una ciudad de Texas, donde más de veinte estudios de tatuajes se agrupan densamente alrededor del campus de la Universidad de Baylor, y uno de los más destacados es Infamous Ink en 1813 Speight Ave.