El mundo del deporte profesional y el arte del tatuaje siempre han ido de la mano, convirtiéndose en una forma de autoexpresión y manifestación de las creencias internas de los atletas. El reciente caso del jugador de críquet sudafricano Brandon Subramaniam, cuya imagen con un tatuaje del dios Murugan y el mantra sagrado «Om Saravanabhava» se difundió instantáneamente por las redes sociales, se ha convertido en un vívido ejemplo de cómo el arte corporal une códigos culturales, devoción religiosa e historia personal. Para muchos aficionados y conocedores de la cultura del tatuaje, no es solo un dibujo en la piel, sino un poderoso amuleto espiritual encarnado en la estética del arte gráfico moderno.