En el mundo del arte callejero y la cultura del tatuaje, rara vez se encuentran historias en las que una persona completa un círculo, pasando de un tipo de creatividad a otro, y luego regresa a sus orígenes con nueva experiencia y profundidad. Este es precisamente el camino que ha recorrido Mika Glenda, un creador de Torquay, que después de dos décadas trabajando en estudios de tatuajes, ha vuelto a tomar los botes de pintura en sus manos y ha comenzado a crear murales a gran escala en las paredes de la ciudad.
De los dibujos infantiles a la leyenda del graffiti
La afición de Glenda por el dibujo comenzó a los siete años, pero el verdadero avance llegó a los trece, cuando realizó su primer trabajo de graffiti. Desde entonces, su vida ha estado inseparablemente ligada al arte callejero: trenes, autobuses, paredes, todo se convirtió en un lienzo para su autoexpresión.
Pronto se unió a SDM Crew, un conocido colectivo de graffiti de Melbourne fundado en 1992. Originalmente llamado «So Damn Mad», el grupo cambió más tarde su nombre a «Sleep Deprived Maniacs», un apodo que se popularizó gracias a las sesiones nocturnas, cuando los artistas trabajaban hasta las tres de la madrugada.
Veinte años en la industria del tatuaje

Después de la era del graffiti, Glenda se sumergió en el mundo de los tatuajes. Abrió su propio estudio, Ice Cream Tattoo, en Torquay, donde trabajó hasta enero de 2026. Durante este tiempo, se convirtió en parte de una comunidad única donde cada cliente representa una historia, confianza y una conexión personal.
«Para mí, lo más importante no eran los tatuajes en sí, sino las personas a las que se los hacía», confiesa Glenda. «No importa si era una persona famosa o no, me encantaba trabajar con cada uno de ellos».
Regreso a los murales

El cierre del estudio fue un punto de inflexión. Glenda decidió centrarse en formatos grandes: murales, que le permiten experimentar con el color, el estilo y la libertad creativa sin la presión característica del arte del tatuaje.
«Si cometes un error en una letra o una palabra en un tatuaje, es difícil de corregir. Pero en una pared, puedes repintar», señala el artista.
Proyectos personales y homenajes

Entre los últimos trabajos de Glenda, destacan dos proyectos clave:
- Un mural para Torquay Eyecare en la zona industrial de Torquay, un objeto brillante y llamativo que atrae la atención de los transeúntes.
- El retrato de Liam Benzie en el área de Surf City, el proyecto más personal y emotivo del artista. Benzie, un skater local, era un amigo cercano de Glenda y visitaba a menudo su estudio de tatuajes. Tras su muerte, su hermano Rory propuso crear un mural conmemorativo, que se convirtió en un homenaje a la leyenda de la comunidad local de skate.
«Este es mi trabajo favorito. Significa mucho para mí», dice Glenda.
Otras obras y reconocimiento

La obra de Glenda también se puede ver en las paredes de otros establecimientos: Bones MMA y Mavis Mavis en Gilbert Street, donde pintó el retrato de una abuela, otro ejemplo de cómo combina el arte con historias personales.
Una mirada experta: por qué esta transición es importante
La transición de tatuador a artista callejero no es solo un cambio de herramienta. Es un cambio de filosofía. El tatuaje es un arte íntimo y personal que requiere precisión y confianza absolutas. El mural es una declaración pública, accesible para todos, pero no menos profunda y emocional.
Glenda, al regresar al graffiti, no solo repite el pasado, sino que lo enriquece con la experiencia adquirida durante dos décadas en la industria del tatuaje. Sus obras ahora no solo poseen fuerza visual, sino también una historia humana, lo que las hace especialmente valiosas en el contexto de la cultura callejera contemporánea.
Futuro y ambiciones
Ahora Glenda se siente un verdadero artista, sin síndrome del impostor, con ganas de experimentar y crear. Está feliz de estar en la calle, con los botes de pintura en las manos, y de sentir de nuevo esa libertad que le daba el graffiti en su juventud.
«Finalmente puedo llamarme artista», dice. «Y estoy listo para ello».
La historia de Mika Glenda no es solo la biografía de una persona. Es un ejemplo de cómo el arte puede llevar a una persona en un círculo, devolviéndola a sus orígenes con una nueva comprensión, experiencia y profundidad. Y en esto reside la verdadera fuerza de la creatividad.