El marcado de esclavos en la Antigüedad representa una de las páginas más sombrías, pero a la vez fundamentales, en la historia de las modificaciones corporales. Para el hombre moderno, el tatuaje es un acto de autoexpresión, una elección estética o un homenaje al arte. Sin embargo, en el mundo antiguo, especialmente en Grecia y Roma, las marcas permanentes en la piel (conocidas como stigma o stigmata) servían con mayor frecuencia como instrumento legal para denotar estatus, crimen o, lo que es más crítico, derecho de propiedad. Como enciclopedistas profesionales del tatuaje, estamos obligados a estudiar este fenómeno no solo desde una perspectiva histórica, sino también cultural, para comprender cómo el concepto de marca de propiedad influyó en la percepción del tatuaje a lo largo de los milenios. Esto no es solo una historia de castigos; es un análisis profundo de cómo la piel se utilizaba como documento legal y cómo definía el estatus social de una persona sin voz.