Hace apenas treinta años, una persona con un tatuaje en el antebrazo era automáticamente considerada marinera, bandida o alguien que «cometió una estupidez en su juventud». Hoy en día, un tatuaje en la muñeca o las costillas es una norma aceptada en oficinas, en televisión e incluso en círculos diplomáticos. Este texto no es solo una historia sobre cómo los «tatuajes» dejaron de ser una marca. Es un análisis de los mecanismos específicos por los cuales la cultura moderna ha legitimado el tatuaje: desde películas de Hollywood hasta códigos de vestimenta corporativos, desde Instagram hasta investigaciones científicas sobre la percepción. Descubrirá qué factores jugaron un papel decisivo, qué mitos sobre la estigmatización aún viven y cómo usted, como persona que quiere hacerse un tatuaje en la era de la corriente principal, puede elegir un estudio y un boceto de forma consciente, no por impulso.