Mara se sienta a la mesa a la sombra de una pérgola de uvas, y sus manos, cubiertas de patrones descoloridos, parecen una extensión del paisaje antiguo. Nació en 1935, pero su piel guarda la memoria de tiempos mucho más remotos. Ella llama a sus tatuajes «krizi» — cruces, aunque estos complejos ornamentos, que recuerdan a un fino bordado, incluyen ramas de abeto, estrellas y lunas crecientes. Para Mara y su generación, el «sicanje» (o «bocanje») — el proceso de aplicar un dibujo con hollín y miel — era un ritual cotidiano realizado por las jóvenes después de la misa dominical. Sin embargo, hoy estos símbolos han ido mucho más allá de las comunidades rurales de Bosnia, convirtiéndose en una poderosa herramienta de autoidentificación y objeto de acalorados debates históricos.