En febrero de 2026, en la costa noreste de la Isla Norte de Nueva Zelanda, en la pequeña ciudad de Gisborne, resonó el característico zumbido de una máquina de tatuar. El maestro Mark Kopua, de 64 años, trabajaba concentrado en un diseño en el brazo de su sobrino Desmond Horomia. Pero no era un simple procedimiento de tatuaje: era tā moko, un ritual sagrado que para el pueblo maorí significa mucho más que una simple decoración corporal. Alrededor del maestro se reunieron familiares, observando el proceso que consideraban sagrado.