Durante décadas, los tatuadores en Corea del Sur vivieron en un vacío legal: su oficio no era reconocido y por cada línea bajo la piel se enfrentaban a multas o prisión. El 26 de septiembre de 2025, esta paradoja terminó oficialmente: el parlamento del país aprobó una ley que, por primera vez en la historia del mundo desarrollado, separa el tatuaje de la medicina y lo devuelve a donde pertenece, a manos del artista.